dissabte, 26 de febrer de 2011

Él(la)

Y que ahora me odies tú, precisamente tú, que no conseguías dormir bien si yo no estaba a tu lado. Aunque tampoco te puedo reprochar nada, no supe estar a la altura de las circunstancias. Exactamente igual que cuando la conocí a ella, con sus ñoñerías y sus cosas, que hicieron que por primera vez en mi vida me planteara si sería capaz de ver más allá de un simple pelo corto o unos pantalones caídos. Porque sí. Acabó apareciendo en mis sueños eróticos y no me avergüenzo por ello, porque sé que yo fui la protagonista de buena parte de los suyos. Nunca nadie ha sabido de su existencia y es como si, en el fondo, siempre estuviera a la expectativa cuando paseo por la calle, por si acaso un día, por alguna broma del destino, nos encontramos. Porque sé que se colocará el aro de la nariz y va a sonreírme, como hacía cada martes a las seis. Y yo, que rechazo por completo el tópico de tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol, porque afirmo rotundamente que, por muchas putadas que pasen, no pienso palmarla hasta que no me enamore sin ser correspondida, que no me dediquen otro gol y que George Clooney no me prepare un Nespresso, te digo ya que te olvides de todo esto. Porque no pienso dormir otra vez a tu lado, ahora que sé que se te da tan bien sustituirme. Así que ódiame todo lo que quieras, que yo me quedo con ella. Que si tengo que enamorarme de alguien que no me quiera, prefiero que tenga el pelo largo y use sujetador.

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