dijous, 4 d’agost de 2011

La verdadera vida está en otro lado


Con sólo absorber dos mil setecientas noventa calorías, mil doscientas catorce unidades de vitamina A y mil noventa y cuatro miligramos de calcio al día es suficiente. Y ellas lo saben, claro; lo demostraron, una vez más, ayer por la noche, cuando siete u ocho siglos después, nos volvimos a sentar juntas en una mesa, en la que, para variar, la ensalada fue el plato estrella de la noche.

Sigues sin entender qué haces ahí. Tú no eres una chica de ensaladas, de tacones ni de fiestas nacionales. De hecho, no lo has sido nunca y, seguramente, lo que más duele ahora mismo es que ellas no tengan ni idea.

No sé a qué viene ahora tanto desconsuelo. L llegó la primera, como siempre; tú, de las últimas (como siempre, también); M no paraba de alzar la voz y la chica de la clave de Fa se pasó la noche pegada al móvil. Y, ¿sabes?, podría seguir describiendo tanta absurdez junta hasta las cinco de la próxima madrugada, pero me quedo con esos ojos achinados y marrones, clavados en la pulsera extra grande que cuelga de mi muñeca derecha. Porque sin pensarlo, me dirigieron a una de mis heridas de guerra y al día en que el chico de verde, sentado en un lugar más verde aún, me preguntó por ella, haciéndome recordar que algún día, yo también fui inmune al dolor, a los golpes y a la vida en general.

dilluns, 13 de juny de 2011

trece

Eres tan genial, ¿eh? Tus vestidos, tu camiseta a rayas, tus cosas. Las uñas de rojo, la cerveza. El pelito corto, tus gafas de nerd. Tu cámara molongui con fotos color sepia o tonalidad verdosa. La angustia existencial plasmada en frases de autores que ni siquiera conoces. Tu vida y la música con la que la acompañas: indie y rock alternativo, claro, que tú eres muy moderna. Las zapatillas rojas, el cigarro de después del café. El tío que te tiras, muy rubio, por cierto. Sí, tan genial y parecida a cualquier tía de veintipocos años, que me entran arcadas cada vez que te encuentro por los pasillos de ese edificio antiguo, sin agua en las fuentes, donde en cada metro cuadrado hay sesenta clones que se creen igual de exclusivas que tú. Haznos un favor a todos o al menos a mí, va. Piérdete.

dilluns, 6 de juny de 2011

19


Qué casualidad, ayer la vi. Y yo que pensaba que ya habría desaparecido en combate. Que no sería de extrañar, vaya; su extremismo absurdo siempre la ha caracterizado. Pero bueno, que la vi. Rubia como siempre, estúpida como nunca. Vaqueritos estrechos y una camiseta azulona que, por cierto, elegí yo. Cómo no, le encantaba ir de compras conmigo.

Le temblaba el pulso, le crujían los huesos y el único momento en que se puso amable fue para pedirme dinero. Que no llevo suelto, dijo. Y que me lo devolvería, claro. Pero se fue. Se largó con la cabeza agachada, sin brillo en los ojos y sin sonrisa.

- Él es como todos, se quejó.




Y tú como ninguna y no te lo crees, idiota.

dijous, 26 de maig de 2011

Yo sí lo sé


Posiblemente deberías haberte dado cuenta hace ya mucho tiempo de la cantidad de chorradas que se te han pasado por alto durante estos meses, aún sabiendo que, así y todo, nunca nadie se había fijado tanto en mí ni en mis cosas, como lo has hecho tú.

Y es que en realidad soy trasparente y sólo si te hubieras fijado en que al andar con alguien siempre voy a su derecha, sabrías de sobra que para mí lo más importante son estas tonterías; que me gustan los pequeños detalles. Y que si alguna vez abrieses la caja roja de encima de mi mesa, entenderías todas esas cosas que quedaron por decir. Te sorprenderías, créeme, porque incluso si te atrevieras a abrir el armario de mi cocina, sabrías que me encantan las galletas de dinosaurios. O que si cogieses mi reproductor de música, entenderías la banda sonora de mi vida, aunque si te diera por mirar un día en la papelera de mi habitación, te asustarías al ver todos los gritos que he callado.

Llega hasta mi playa, siéntate en mi roca y sabrás las mil cosas que nunca te llegué a explicar. Coge mi teclado, agárrate fuerte a las teclas y entenderás que mis canciones siempre hablan de mí, incluso cuando no hay oído dispuesto a escuchar semejante locura. Pon el ojo en mi cámara para ver el mundo a mi manera; puede que así comprendas todos mis miedos. Ve, coge mi álbum de fotos y sabrás de qué hablo cuando digo que no podría vivir sin mis recuerdos.

Pasa el dedo por mis costillas, aunque lo odie; sólo así puede que entiendas que soy frágil y que me consumen los nervios. Cierra los ojos e intenta imaginarme sin vergüenza, despeinada y con las pupilas dilatadas; se te da bien. Sabes de sobra que, aún así, sigo teniendo las mejillas ardiendo. Acércate a mi espalda y sigue mi columna vertebral, te estoy hablando de sensaciones.

Aunque si quieres, olvídalo todo. Nunca fuimos diferentes al resto, aunque sí especiales a nuestra manera. Lo sabes, ¿verdad?

dimecres, 18 de maig de 2011

ma jolie

19:38, día par, es miércoles, me la sudas y falta menos de un mes.

Y no sabes cuanto odio que me digan que cada año acabo haciendo los mismos comentarios. Pues sí, los hago. Los hago desde que no estás aquí. Y me importa menos-cuatro que nunca hicieses nada especial ese día, porque para mí, lo más importante es que siguieras estando a mi lado. Codo con codo, nariz con nariz.

Suena a imbécil, lo sé. Aunque tampoco me había parado nunca a pensar que yo siempre estuve ahí cuando te asfixiabas y que tú, en cambio, siempre tenías mejores cosas que hacer o incluso te dolía la cabeza.

Qué típico, ¿no? Llegué a pensar que lo nuestro estaba por encima de cualquier papel firmado ante notario. Amigos de estos sin derecho a roce, y ya ves, al final la que llegó a rozar el absurdo, fui yo. Qué digo rozar. Aplastar.

Me comí el absurdo, el agobio y toda ignorancia puesta en frases del tipo lo nuestro siempre ha sido diferente, y por mucho que pienses que con tanto atracón, lo único que podía ganar eran, además de un disgusto, unos cuantos kilos, acabé siendo un saco de huesos por tu culpa.

¿A qué diablos has venido ahora? Yo siempre fui la fuerte de las dos, ¿recuerdas? Lárgate de una vez. Tu libro sigue ahí donde lo dejaste y no pienso devolvértelo.

dimecres, 11 de maig de 2011

0:00

La verdad es que nunca me pregunté nada, sólo me dejé llevar. Lo adoraba, adoraba el momento y todo lo que tuviera que ver contigo. Recuerdo el colorante de paella y los gritos de dolor de tu madre, con las manos en el riñón. Sonaba a verdadero dolor, como el que yo sentía al veros juntos el día que tu mejor amiga se hacía ya una mujer. Recuerdo el ruido del motor del coche de tu padre y el olor a rueda quemada. Recuerdo tus ojos penetrando en los míos, como el agua entre las brechas de las rocas: al principio fluye y más tarde quiebra; tal vez por eso me quebraste el corazón a pedazos. Sabes que no hablo de dolor, hablo de demasiada emoción, de sentir. Ingenuo de mí al pensar que había sentido alguna vez algo antes de esto.

Recuerdo tus rojas mejillas, diría rojo pasión, como el que llevabas en las uñas, ese color que querías hacer desaparecer de tu vida. En ese caso, el rojo de las mejillas lo dejaste en tu cara largo tiempo. También recuerdo tus labios. Joder, tus labios. Aún no me creo que eso sea humano. Me llegué a preguntar si era carne o un imán, o la tentación de Lucifer que me daba a elegir entre besarte o besarte. Pero no, no fui yo. El asombro y el miedo me dejaban perplejo. El corazón latía a velocidades desorbitadas, ya que a cada minuto tú te ibas acercando al paso de una de esas lentas descripciones de paisaje en una novela para amantes de la letra.

Recuerdo la falta de oxígeno y las respiraciones hiperbólicas. Recuerdo la posición fetal en tu cama, nuestras frentes tocándose. Sudábamos en busca de labios.

Nos besamos, sabes de sobra que lo recordamos, aunque la conciencia se nos fuera de paseo. Recuerdo llorar de alegría, recuerdo un rompecabezas en tu mente, recuerdas olvidarte del mundo sentada en el suelo. Nos voy a recordar en ese día hasta que me quede sin aliento.

Recuerdo el 11 de mayo, lloviendo sobre el asfalto y tu tejado. Olía a tierra. Siento tu aliento, tu perfume. Te huelo aún desde mi habitación. Las promesas no se rompen y ahora tú no me digas que no vas a casarte conmigo.

dimarts, 3 de maig de 2011

ha vuelto a ocurrir


Que suene el teléfono tres veces, descolgarlo a la cuarta y que seas tú. Oírte reír al otro lado del auricular porque sabías de sobra que si insistías un poco, acabaría cediendo. Que no me preguntes a qué ha venido esta huída cobarde y sólo quieras invitarme a la cerveza que te debo. No me apetece explicarte que hoy no ha sido un buen día, que la he echado de menos y que eso jode, jode mucho. Por eso tocas el timbre, te abro y me abro. He traído chuches, dices, de las rojas. Pues claro, de cuáles si no.

Entonces, aparece de nuevo la piscina, tus amigos, mis bikinis y el beso. Ring, ring, son las ocho. Buenos días, princesa.

divendres, 22 d’abril de 2011

nightmare


Como si no supiera de sobra que a mí, al final, todo me acaba cansando, repite sin manías los movimientos y ñoñerías que me gustan, casi como si fuese un ritual, ignorando completamente que el día menos pensado me harto y le echo a patadas. Lo siento, no debería contarte esto a ti, pero no te haces ni una idea de cuánto echo de menos aquellos desayunos que se acababan convirtiendo en cenas por culpa de todas las cosas que quería contarte sin saber si todo el aire que tenía en los pulmones sería suficiente. No te veo, pero estás. Estás constantemente en todas partes. Gracias por no cogerme el teléfono; esta noche he tenido pesadillas y necesitaba saber que estabas bien, oír tu voz, tu existencia. Lo siento, no volveré a hacerlo. Sé que ahora mismo hay cosas mucho más importantes. Per exemple, es teu cos. Per exemple, es teu llit.

divendres, 15 d’abril de 2011

Que no

No te olvides de poner el despertador. No te quedes dormida. No llegues tarde el primer día. No dejes que te quiten el sitio. No vayas a sentarte a su lado; ni siquiera sabes su nombre completo. No trates de ser su amiga. No le presentes a tu novio. No dejes que te presente a su novia. No compartas paraguas con él. No te lo lleves de fiesta. No le invites a que se quede a comer, aunque fuera esté diluviando. No pierdas la cabeza; no te lances. No te enamores. No dejes de pintarte las uñas de rojo. No le des los buenos días. No os vistáis de blanco para poneros en la línea de salida. No le prepares la cena. No vayáis a conciertos. No os durmáis encima de un trampolín. No te dejes llevar por las circunstancias. No te conviertas en su sombra. No dejes que él haga lo mismo. No conozcas a su familia. No te hagas amiga de sus amigos. No viajes con él. No celebres su cumpleaños como si tuvierais treinta años. No le cuentes tu vida. No llores por, delante ni con él. No dejes que te vea tocar fondo. No pases con él sus peores noches. No os fortalezcáis el uno al otro. No lo quieras como nunca nadie ha querido a alguien. No te vuelvas indispensable. No hagáis planes de boda. No pongas nombre a vuestros futuros hijos. No te dejes sorprender, no es para tanto. No permitas que la situación te supere. No le regales la llave de tu habitación; no aceptes su mechero, odias que fume. No juegues con fuego. No lo mandes todo a la mierda. No vuelvas a acercarte. No existas.

diumenge, 10 d’abril de 2011

kit básico de primeros auxilios para que B sonría

Llegar a casa y no tener que esperar el ascensor. Las pelis que me dejan descolocada tres días, como mínimo. Que vista de verde. Las locas de mis amigas. Verte enamorada por primera vez. Los tallarines con gambas de mi madre. Largarme a vivir a Madrid dentro de nada. Que suene esa canción cuando entro en el coche. Tu jodidamente perfecta piel. Las bufandas y los calcetines. No comprender a ainamatopeya y, sin embargo, continuar siempre, sin temor. La primera cerveza después de terminar un examen. Entrar en una tienda y ver EL vestido. Insultar a la gente en italiano. Decir que doy clases de latín y que me miren con lástima. Las piñas coladas y los San Francisco a medias. Delinearme los ojos. Llorar de risa y reír por no llorar. Los números pares y las palabras monosílabas. Que no me pidan explicaciones. Calzarme unos tacones de quince centímetros e ir por la vida reventando el suelo. Inventarme listas como esta para que crean que soy guay. Ser guay. Estar al corriente de ello.

dimecres, 6 d’abril de 2011

te odio

Lo más parecido a celos que he tenido en mi vida. Odiarle, odiarte. Tener ganas de haceros desaparecer del mundo, con miedo a no saber dónde esconder los cadáveres como única preocupación. Desquiciarme. Querer gritar, llorar, matar y tener que sonreír con cara de idiota profunda. No, no me importa, digo. Pues claro que me importa, jodido imbécil. Aún no me explico cuando dejamos de ser nosotros, para ser tú y yo… y ellos. Que les jodan. Ven a buscarme y larguémonos de una vez. Molt lluny d’aquí, a l’altra banda del món.

dilluns, 4 d’abril de 2011

ceras y tú


Iba a dedicarte unas líneas, pero me empieza a repatear el culo tener que estar hablando siempre de ti. ¿De qué vas? Odio que en un descuido te hayas colado en mi vida. He dejado de ser yo, después de lo que me había costado llegar hasta aquí, y no tienes ni puta idea del caos que has organizado, si es que alguna vez un caos se ha podido organizar. Es lunes y huele a ceras de colores. Esas pringosas y horribles ceras de colores gruesas con las que siempre acababa perdida cuando era pequeña. Perdida, sí. Casi tanto como ahora, entre tanta pupila dilatada y momentos de esos de despeinar. Por cierto, hoyuelitos, tenías razón: no hago más que vomitar pensamientos sin orden, sentido ni lógica alguna. Qué le vamos a hacer, cada vez me cuesta más hablar en voz alta de las barbaridades que me pasan por la cabeza. Y claro, me bebo un día amargo y me dan arcadas.

dilluns, 28 de març de 2011

y ahora, ¿qué?

La niña de los ojos del extrarradio se pregunta por qué estás haciendo tanto el idiota, si no te crees ni tres de las cuatro palabras que dices cada minuto y 32. Tampoco tiene equilibrio, pero se pasa el día haciendo el pino entre tu casa y la suya. Ya casi no se echa sal en la comida porque ha dejado de ser hipotensa (aunque sólo sin el hipo). Ha superado su fobia y está impaciente para que llegue el verano y celebrarlo. Nunca había mentido y ahora lo hace a menudo, con ella misma y con los demás, aunque no se odia por ello. Sigue con su Diógenes con la infinidad de pequeñeces a las que considera importantes y como dice su amiga A, no es una princesa, es la reina bipolar por excelencia. Porque la niña de los ojos del extrarradio quiere mal y pronto. Quiere demasiado por muy poco. Quiere mucho sin ser feliz. Pero, qué coño. Quiere al fin y al cabo.

dijous, 24 de març de 2011

Querida ex-suegra

Te escribo para decirte que la tía que se tira tu hijo tiene novio, que su ex no recuerda cuando fue la última vez que vio el mundo sin los efectos de la marihuana y que uno de sus constantes líos es una de mis mejores amigas. Pero va, tú sigue odiándome a mí y a mi mala hostia, que todo el mundo sabe que yo soy la que menos le conviene.

Sin rencores, ¿eh?

dimarts, 22 de març de 2011

Te lo dije

En estos tiempos, en que las hamburguesas de un euro son todo un manjar; los apuntes, tus colegas más próximos; y un Opel Corsa, tu mejor aliado, seamos realistas: ni tú vales tanto, ni yo tan poco. Es hora de aceptar que subirse a lo más alto sin llegar a caer nunca, tiene una probabilidad de menos-cero; que el Nestea jamás emborrachó, y que los lunes ya no dan tanto asco desde que sé que no te tengo al lado. No mientas más y aprende a resignarte. Los verdaderos amigos no existen, pocos valen lo que dicen y tú nunca más serás uno de ellos. Dejaste de valer lo que valías y ahora para lo único que sirves, es para inspirarme. Ya ves. Ni eres quien eras, ni yo volveré a serlo. Es así como querían, ¿no? Seamos realistas: ni tú vales tanto, ni yo tan poco.

dilluns, 14 de març de 2011

32

Echarte de menos como una loca cuando no estás y odiarte hasta el desquicio cuando te tengo al lado. Tranquilo, no te asustes, me pasa con mucha gente últimamente. No, yo tampoco lo entiendo, pero es en lo que me he convertido desde que me puse el vestido marrón, desde que la pantalla me sugirió tu nombre y desde que el resto pasó a ser historia. No soy capaz de descifrar a qué viene todo esto, aunque tampoco me esfuerzo mucho. Supongo que estoy demasiado ocupada pensando en lo bien que te sienta el verde y en lo mal que disimulas cuando sé que te lo has puesto para mí. Estás a tan solo dos letras de distancia, te alcanzo en ocho segundos cuando entras por la puerta de ese sitio que tantas noches nos ha tenido que soportar y te mentiría si dijese que no me encanta esperarte en el número 32 de tu calle. Ya ves, me cuesta menos de lo que crees decir cosas bonitas, aunque ya sabes cómo soy: por cada una de cal, doy cuatro de arena. ¿A qué cojones has venido? Fíjate en qué letra he empezado el texto, joder. Y todo por tu culpa.

dissabte, 12 de març de 2011

Fucking

Fucking is one of those fucking words you can fucking put anyfuckingwhere in a sentence and it still makes fucking sense.

dimarts, 8 de març de 2011

B de bipolar


Últimamente, no para de ocurrir. Sea por lo que sea, me acuerdo de alguien que hace tiempo que no da señales de vida y, de un modo u otro, acaba apareciendo. Y me gusta saber que a 1357 kilómetros te has acordado de mí. O que ella tampoco se ha olvidado de que éste, es un mes impar. Puestos a hablar, me gusta también la gente que piensa que no puedes sentirte mujer con veinte años, porque no has hecho nada para merecer sentirte así. No mientras te sigas depilando con cuchilla a última hora, no salgas a correr a diario y no combines bien tu ropa interior. Por eso me gusta ella; porque tiene razón y punto. Y porque sus mails siempre llegan a tiempo para salvarme de todas las veces que estoy a punto de tirarme por la ventana. Porque sí. Ahora, desde que no para de sonar Coldplay, resulta que me he vuelto bipolar. Y no bipolar de ahora me río y ahora lloro, no. Bipolar de cojones. Bipolar desde que descubrí que la persona por la que he hecho más idioteces en mi vida, es la única que se da cuenta de que he movido dos centímetros mi raya del pelo hacia el lado contrario después de estar tres meses sin verme. Bipolar desde que alguien me dijo que los mejores verbos empezaban por esa puta letra que hasta vista al revés me parece genial. Bipolar desde que me he dado cuenta de que lo de ir siempre a la derecha de la persona que tengo al lado cuando camino, se ha convertido en casi un acto obsesivo. Bipolar porque odio que conozcas todos mis defectos y porque la conversación más interesante que he tenido este mes ha sido con alguien de mi mismo sexo que opinaba que Bel no era un nombre adecuado para una chica guapa. Pensándolo bien, puede que la solución a todo esto sea dejar de comentar tanto qué está pasando y empezar a preguntarme por qué. A lo mejor, es que ha llegado el momento de dar cuatro mil vueltas al mundo sin intención alguna de marearme o puede que, simplemente, baste con que empiece a acordarme un poco de mí. A lo mejor así, acabo encontrándome. Exactamente igual que como me pasa con todos últimamente, ¿no?

divendres, 4 de març de 2011

Jueves

Es extraño, pero siempre he odiado los jueves. Realmente me parece algo curioso, porque ni siquiera me acuerdo de por qué. Supongo que mis motivos tendría, digo yo. Aunque esta vez es distinto, porque precisamente un jueves cualquiera a las cuatro y veinticinco de la tarde y con los calcetines nuevos que te acaban de regalar, te enteras de que dentro de siete meses, tu vida va a dar un giro de 179 grados. Y, pasado el shock inicial, te derrumbas, para qué negarlo. Porque, de repente, te entran todos los miedos que nunca pensaste llegar a tener. Pero sonríes,  porque todos a tu lado están eufóricos. Y cómo no van a estarlo después de todo lo ocurrido. Porque claro, ahora, entre todos, te han convertido en la persona más valiente del mundo (y los valientes no lloran, dicen), así que debes demostrar una vez más que esto va a salir bien. Qué digo bien, de puta madre. Te odio. Eres la única persona, aparte de mi madre, que no se ha alegrado con la noticia. Pero te entiendo, créeme. Yo también estoy acojonada. Aunque hoy, ya no son las cuatro y veinticinco,  no llevo calcetines y ni siquiera es jueves. Así que sonrío, sonrío mucho. Te echaré de menos.

dimecres, 2 de març de 2011

Naranja

Llegas, te sientas y hablas. Hablas, hablas y hablas sin parar. Como si llevaras media vida esperando este momento. No te reconozco y, sin embargo, no has cambiado: sigues llevando ese horrible color que tanto odio y al que siempre has considerado tu favorito. Dices que deberías haberme hecho caso el primer día; que siempre tuve razón. No te escucho, ¿no te das cuenta? Estoy pensando que lo único que sigue igual en esta mesa, es mi pelo sin peinar. No entiendo bien qué hago aquí. Sigo dándole vueltas al color de tu camiseta y a la cosa esa extraña que te estás bebiendo. ¿Ves? No has cambiado. Tus muecas y gestos demuestran debilidad. Casi tanta como la que siento cuando estoy sin ropa delante de él. Porque creo que nunca antes me había sentido tan frágil y quebradiza como en esos momentos. Pero me hago la fuerte, ¿sabes? Exactamente igual que ahora, entre tanto ruido y palabras sin sentido. Ahora dirijo yo, ahora tú te largas. Lo siento, llegaste 7 meses tarde.

dissabte, 26 de febrer de 2011

Él(la)

Y que ahora me odies tú, precisamente tú, que no conseguías dormir bien si yo no estaba a tu lado. Aunque tampoco te puedo reprochar nada, no supe estar a la altura de las circunstancias. Exactamente igual que cuando la conocí a ella, con sus ñoñerías y sus cosas, que hicieron que por primera vez en mi vida me planteara si sería capaz de ver más allá de un simple pelo corto o unos pantalones caídos. Porque sí. Acabó apareciendo en mis sueños eróticos y no me avergüenzo por ello, porque sé que yo fui la protagonista de buena parte de los suyos. Nunca nadie ha sabido de su existencia y es como si, en el fondo, siempre estuviera a la expectativa cuando paseo por la calle, por si acaso un día, por alguna broma del destino, nos encontramos. Porque sé que se colocará el aro de la nariz y va a sonreírme, como hacía cada martes a las seis. Y yo, que rechazo por completo el tópico de tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol, porque afirmo rotundamente que, por muchas putadas que pasen, no pienso palmarla hasta que no me enamore sin ser correspondida, que no me dediquen otro gol y que George Clooney no me prepare un Nespresso, te digo ya que te olvides de todo esto. Porque no pienso dormir otra vez a tu lado, ahora que sé que se te da tan bien sustituirme. Así que ódiame todo lo que quieras, que yo me quedo con ella. Que si tengo que enamorarme de alguien que no me quiera, prefiero que tenga el pelo largo y use sujetador.

dijous, 24 de febrer de 2011

Yo no soy ella

No, joder. No vuelvas a decirme que me quieres, cuando la que se pasea en bragas por tu casa es ella. Que ya sé que yo también desfilo por casa de otra gente, pero al menos no lo digo, ¿vale? Aunque lo piense, y aunque crea que nadie va a valer tanto la pena como para compartir un San Francisco a las 3 de la mañana o como para nadar conmigo en pelotas en medio de esos bichitos que tanto asco me dan. Que estoy segura de que no me reconocerías si me vieses una tarde cualquiera, porque puede que ahora sonría menos, pero créeme si te digo que disfruto más. Porque resulta que de repente me he vuelto más pasota que nunca, aunque me duela igual que venga ese tío peculiar a decirme que se fijó en mí hace dos semanas por mis zapatos bonitos, pero que ni siquiera se diese cuenta de que la noche anterior casi me había ahogado con mis propias lágrimas. Que digo yo, ya que te fijas, fíjate bien, ¿no?

dijous, 17 de febrer de 2011

Ocurre.

Ocurre. Sí, ocurre. Ocurre que me enfado y escribo. Ocurre que cada día te me atragantas más y tengo que seguir soportándote. Ocurre que los veinte estaban (muy) bien, hasta que empezaron las últimas vacaciones. Ocurre que tengo que esconder el chocolate en la guantera del coche porque estoy perdiendo el control. Me ocurre todo esto e incluso más, pero tú, como siempre, no te enteras de nada. Y cómo vas a enterarte, si aún no te has dado ni cuenta de que a mí lo que realmente me gusta, son las bufandas y los calcetines. Que de verdad pienso que te precipitaste demasiado al otorgarte un título en tan poco tiempo, del cual, por cierto, jamás has estado a la altura. O bueno, quizá sí. Pero este no era el tema, porque yo estaba hablando de lo que ocurre. Y ocurre que suena el móvil y lo observo desde lejos sin intención alguna de descolgarlo. Ocurre que mis vecinos ya deben hasta echar de menos que los despierte de su siesta, porque hace semanas que no me siento a golpear el piano. Porque sí, yo lo golpeo, y aunque ni te lo imagines, hay días que me gustaría hacer lo mismo con tu cara. Pero no ocurre, porque ni siquiera sabes que ahora te odio casi tanto como lo que un día te llegué a querer. Porque te quise, aunque nunca lo dijera y aunque siempre te quejaras por ello. Y ocurre. Ocurre que me largo de aquí, con ese horrible libro rosa chillón bajo el brazo, para poder leer lo que llevo escrito debajo de la tapa cada vez que lo necesite. Porque, ¿sabes? He encontrado sonrisas menos envidiosas que la tuya. Y me quedo con ellas. Porque eso es lo que ocurre. Que me ocurres.