dilluns, 28 de març de 2011

y ahora, ¿qué?

La niña de los ojos del extrarradio se pregunta por qué estás haciendo tanto el idiota, si no te crees ni tres de las cuatro palabras que dices cada minuto y 32. Tampoco tiene equilibrio, pero se pasa el día haciendo el pino entre tu casa y la suya. Ya casi no se echa sal en la comida porque ha dejado de ser hipotensa (aunque sólo sin el hipo). Ha superado su fobia y está impaciente para que llegue el verano y celebrarlo. Nunca había mentido y ahora lo hace a menudo, con ella misma y con los demás, aunque no se odia por ello. Sigue con su Diógenes con la infinidad de pequeñeces a las que considera importantes y como dice su amiga A, no es una princesa, es la reina bipolar por excelencia. Porque la niña de los ojos del extrarradio quiere mal y pronto. Quiere demasiado por muy poco. Quiere mucho sin ser feliz. Pero, qué coño. Quiere al fin y al cabo.

dijous, 24 de març de 2011

Querida ex-suegra

Te escribo para decirte que la tía que se tira tu hijo tiene novio, que su ex no recuerda cuando fue la última vez que vio el mundo sin los efectos de la marihuana y que uno de sus constantes líos es una de mis mejores amigas. Pero va, tú sigue odiándome a mí y a mi mala hostia, que todo el mundo sabe que yo soy la que menos le conviene.

Sin rencores, ¿eh?

dimarts, 22 de març de 2011

Te lo dije

En estos tiempos, en que las hamburguesas de un euro son todo un manjar; los apuntes, tus colegas más próximos; y un Opel Corsa, tu mejor aliado, seamos realistas: ni tú vales tanto, ni yo tan poco. Es hora de aceptar que subirse a lo más alto sin llegar a caer nunca, tiene una probabilidad de menos-cero; que el Nestea jamás emborrachó, y que los lunes ya no dan tanto asco desde que sé que no te tengo al lado. No mientas más y aprende a resignarte. Los verdaderos amigos no existen, pocos valen lo que dicen y tú nunca más serás uno de ellos. Dejaste de valer lo que valías y ahora para lo único que sirves, es para inspirarme. Ya ves. Ni eres quien eras, ni yo volveré a serlo. Es así como querían, ¿no? Seamos realistas: ni tú vales tanto, ni yo tan poco.

dilluns, 14 de març de 2011

32

Echarte de menos como una loca cuando no estás y odiarte hasta el desquicio cuando te tengo al lado. Tranquilo, no te asustes, me pasa con mucha gente últimamente. No, yo tampoco lo entiendo, pero es en lo que me he convertido desde que me puse el vestido marrón, desde que la pantalla me sugirió tu nombre y desde que el resto pasó a ser historia. No soy capaz de descifrar a qué viene todo esto, aunque tampoco me esfuerzo mucho. Supongo que estoy demasiado ocupada pensando en lo bien que te sienta el verde y en lo mal que disimulas cuando sé que te lo has puesto para mí. Estás a tan solo dos letras de distancia, te alcanzo en ocho segundos cuando entras por la puerta de ese sitio que tantas noches nos ha tenido que soportar y te mentiría si dijese que no me encanta esperarte en el número 32 de tu calle. Ya ves, me cuesta menos de lo que crees decir cosas bonitas, aunque ya sabes cómo soy: por cada una de cal, doy cuatro de arena. ¿A qué cojones has venido? Fíjate en qué letra he empezado el texto, joder. Y todo por tu culpa.

dissabte, 12 de març de 2011

Fucking

Fucking is one of those fucking words you can fucking put anyfuckingwhere in a sentence and it still makes fucking sense.

dimarts, 8 de març de 2011

B de bipolar


Últimamente, no para de ocurrir. Sea por lo que sea, me acuerdo de alguien que hace tiempo que no da señales de vida y, de un modo u otro, acaba apareciendo. Y me gusta saber que a 1357 kilómetros te has acordado de mí. O que ella tampoco se ha olvidado de que éste, es un mes impar. Puestos a hablar, me gusta también la gente que piensa que no puedes sentirte mujer con veinte años, porque no has hecho nada para merecer sentirte así. No mientras te sigas depilando con cuchilla a última hora, no salgas a correr a diario y no combines bien tu ropa interior. Por eso me gusta ella; porque tiene razón y punto. Y porque sus mails siempre llegan a tiempo para salvarme de todas las veces que estoy a punto de tirarme por la ventana. Porque sí. Ahora, desde que no para de sonar Coldplay, resulta que me he vuelto bipolar. Y no bipolar de ahora me río y ahora lloro, no. Bipolar de cojones. Bipolar desde que descubrí que la persona por la que he hecho más idioteces en mi vida, es la única que se da cuenta de que he movido dos centímetros mi raya del pelo hacia el lado contrario después de estar tres meses sin verme. Bipolar desde que alguien me dijo que los mejores verbos empezaban por esa puta letra que hasta vista al revés me parece genial. Bipolar desde que me he dado cuenta de que lo de ir siempre a la derecha de la persona que tengo al lado cuando camino, se ha convertido en casi un acto obsesivo. Bipolar porque odio que conozcas todos mis defectos y porque la conversación más interesante que he tenido este mes ha sido con alguien de mi mismo sexo que opinaba que Bel no era un nombre adecuado para una chica guapa. Pensándolo bien, puede que la solución a todo esto sea dejar de comentar tanto qué está pasando y empezar a preguntarme por qué. A lo mejor, es que ha llegado el momento de dar cuatro mil vueltas al mundo sin intención alguna de marearme o puede que, simplemente, baste con que empiece a acordarme un poco de mí. A lo mejor así, acabo encontrándome. Exactamente igual que como me pasa con todos últimamente, ¿no?

divendres, 4 de març de 2011

Jueves

Es extraño, pero siempre he odiado los jueves. Realmente me parece algo curioso, porque ni siquiera me acuerdo de por qué. Supongo que mis motivos tendría, digo yo. Aunque esta vez es distinto, porque precisamente un jueves cualquiera a las cuatro y veinticinco de la tarde y con los calcetines nuevos que te acaban de regalar, te enteras de que dentro de siete meses, tu vida va a dar un giro de 179 grados. Y, pasado el shock inicial, te derrumbas, para qué negarlo. Porque, de repente, te entran todos los miedos que nunca pensaste llegar a tener. Pero sonríes,  porque todos a tu lado están eufóricos. Y cómo no van a estarlo después de todo lo ocurrido. Porque claro, ahora, entre todos, te han convertido en la persona más valiente del mundo (y los valientes no lloran, dicen), así que debes demostrar una vez más que esto va a salir bien. Qué digo bien, de puta madre. Te odio. Eres la única persona, aparte de mi madre, que no se ha alegrado con la noticia. Pero te entiendo, créeme. Yo también estoy acojonada. Aunque hoy, ya no son las cuatro y veinticinco,  no llevo calcetines y ni siquiera es jueves. Así que sonrío, sonrío mucho. Te echaré de menos.

dimecres, 2 de març de 2011

Naranja

Llegas, te sientas y hablas. Hablas, hablas y hablas sin parar. Como si llevaras media vida esperando este momento. No te reconozco y, sin embargo, no has cambiado: sigues llevando ese horrible color que tanto odio y al que siempre has considerado tu favorito. Dices que deberías haberme hecho caso el primer día; que siempre tuve razón. No te escucho, ¿no te das cuenta? Estoy pensando que lo único que sigue igual en esta mesa, es mi pelo sin peinar. No entiendo bien qué hago aquí. Sigo dándole vueltas al color de tu camiseta y a la cosa esa extraña que te estás bebiendo. ¿Ves? No has cambiado. Tus muecas y gestos demuestran debilidad. Casi tanta como la que siento cuando estoy sin ropa delante de él. Porque creo que nunca antes me había sentido tan frágil y quebradiza como en esos momentos. Pero me hago la fuerte, ¿sabes? Exactamente igual que ahora, entre tanto ruido y palabras sin sentido. Ahora dirijo yo, ahora tú te largas. Lo siento, llegaste 7 meses tarde.