dijous, 4 d’agost de 2011

La verdadera vida está en otro lado


Con sólo absorber dos mil setecientas noventa calorías, mil doscientas catorce unidades de vitamina A y mil noventa y cuatro miligramos de calcio al día es suficiente. Y ellas lo saben, claro; lo demostraron, una vez más, ayer por la noche, cuando siete u ocho siglos después, nos volvimos a sentar juntas en una mesa, en la que, para variar, la ensalada fue el plato estrella de la noche.

Sigues sin entender qué haces ahí. Tú no eres una chica de ensaladas, de tacones ni de fiestas nacionales. De hecho, no lo has sido nunca y, seguramente, lo que más duele ahora mismo es que ellas no tengan ni idea.

No sé a qué viene ahora tanto desconsuelo. L llegó la primera, como siempre; tú, de las últimas (como siempre, también); M no paraba de alzar la voz y la chica de la clave de Fa se pasó la noche pegada al móvil. Y, ¿sabes?, podría seguir describiendo tanta absurdez junta hasta las cinco de la próxima madrugada, pero me quedo con esos ojos achinados y marrones, clavados en la pulsera extra grande que cuelga de mi muñeca derecha. Porque sin pensarlo, me dirigieron a una de mis heridas de guerra y al día en que el chico de verde, sentado en un lugar más verde aún, me preguntó por ella, haciéndome recordar que algún día, yo también fui inmune al dolor, a los golpes y a la vida en general.

1 comentari:

  1. Soy chica de ensaladas, tacones y fiestas nacionales, ¿y qué? Para mí eso tiene el mismo significado que si te cuento que "soy castaña, 1'60 y ojos marrones", o lo que es lo mismo, superficialidad.
    Ah, primero, si como ensaladas es porque la endocrina me dijo que mil calorías al día le bastaban a mi metabolismo, las vitaminas iban por otro lado,a parte, porque ni siquiera la fruta estaba hecha para mí. Lo de llevar tacones me gusta de vez en cuando, aunque sea una cena, algunas no tienen verano para salir de fiesta. Así que en invierno, por supuesto que soy de fiestas, y si la música es hortera, mejor. Ya sé que ahora se lleva el indie y el rock alternativo, pero lo siento, si alguien pretende juzgar quién soy por ello, no me merece la pena.
    Resumiendo, ensaladas, tacones y fiestas nacionales, puro estereotipo de persona superficial, por dejarlo ahí. Siempre me ha hecho mucha gracia esta paradoja, atribuir superficialidad juzgando superficialidad (valga la redundancia).
    Yo sí sé que a ti no te gustan esas cosas, ¿pero y qué?, quizás son los detalles más irrelevantes que sé de ti, como mucho me servirían para regalarte unas bailarinas en vez de unos taconazos o invitarte a pizza cuando vengas a cenar a mi casa en poco más de un mes. Así que no me cabe la menor duda que tú sabes algo más de mí que eso, o eso espero.
    ¿Y sabes qué? El rato que la chica de la clave de fa pasó pegada al móvil fue básicamente hablando de ti.
    Hasta la luna,
    y más allá.

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